Cuatro fantásticos días en Marsella

Comenzamos nuestra andadura en el aeropuerto de Loiu, donde tomamos un vuelo destino a Marsella con escala en Barcelona. La emoción del viaje impidió que achacáramos en exceso el cansancio del madrugón.

Lo primero que nos sorprendió de esta ciudad fue la diversidad étnica y la suciedad y deterioro de calles y edificios en general. En nuestro imaginario Francia debía ser un país limpio y muy cuidado.

Pero la puesta de sol en el puerto junto a nuestro albergue no nos dejo indiferente a ninguno.

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 Puesta de sol desde el puerto

Llegamos al albergue y resulto muy agradable comprobar que estaba por encima de nuestras expectativas; con el baño dentro de la habitación y todo.

Salimos a comer y pudimos hacer una pequeña visita turística a la iglesia de Notre-Dame de la Garde, situada en un altozano, desde la que pudimos ver una impresionante panorámica de la ciudad. Era mucho más grade de lo que en un principio habíamos creído.

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Notre-Dame de la Garde

Ya por la noche, a eso de las ocho, nos vinieron a recoger dos de las integrantes de la asociación que organizaba el evento, Pistes Solidaires, para acompañarnos al restaurante vegano donde conocimos al resto de los voluntarios de tres nacionalidades diferentes. Una cena interesante en cuanto al menú donde pusimos a prueba nuestro inglés. Nos retiramos pronto y dejamos ya en albergue que el sueño acumulado hiciera su trabajo.

Al día siguiente fuimos a la sede de Pistes Solidaires donde desayunamos (por segunda vez) y participamos activamente en una serie de juegos y dinámicas que tenían como objetivo la interrelación de todos los participantes y la puesta en común de nuestros miedos, potenciales aportaciones y expectativas con respecto a esta movilidad.

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Primera toma de contacto con el proyecto

Ya por la tarde del primer día, visitamos el primer proyecto: una guardería intergeneracional. Esto consistía en una guardería ubicada en los terrenos de un geriátrico. Este proyecto consistía en aprovechar esta circunstancia para realizar una serie de actividades diarias entre niños y ancianos, para trabajar entre otras cosas la psicomotricidad. Fue algo realmente emotivo que no dejo indiferente a nadie.

El segundo día lo pasamos casi enterito junto al mar. Fuimos a conocer el centro marítimo de integración social Thalassanté. Esta organización ubicada en terreno del puerto marsellés trabajaba con el mar, la navegación y todo lo vinculado a estos temas, como metáfora de la vida misma y de la salud integral del ser humano, en la integración fundamentalmente de jóvenes procedentes de las zonas más marginales de Marsella. En este marco desarrollaban un sinfín de actividades como la enseñanza de carpintería naval (¡incluso construían pequeños veleros!), exposiciones, jornadas,…etc. Hasta tenían un grupo de música que sonaba muy profesional.

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Jugando con la asociación Thalassanté

Para el último día teníamos una visita a un jardín urbano situado en el extrarradio de la ciudad. Dicho jardín se hallaba rodeado de los enormes edificios de pisos baratos que componían dos de los distritos más degradados de la ciudad. Daba servicio a diferentes organizaciones y agrupaciones que solicitaban una parcela para plantar y cultivar allí lo que acordasen.

Tras esta última visita una sentida despedida de todos los voluntarios con los que compartimos esta maravillosa experiencia y un melancólico regreso al hogar.

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Magnífico equipo con el que compartimos la aventura

Agradecemos esta magnífica oportunidad de conocer otras iniciativas y personas con intereses comunes, de aprender y compartir, a Moviéndote.

 

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